Cine y pintura en 2011

El año pasado destacaron dos películas que utilizaron en su argumento obras de arte.
Estas películas de las que hablo son “La piel que habito”, de Almodóvar, y “Melancholia” de Lars Von Trier.
En la primera, existe un juego muy evidente de Venus que decoran la casa del doctor. La propia Vera (la mujer recluida en su cuarto), es una Venus que se reclina para leer sobre una cama o diván, mientras el doctor la observa en una gran pantalla del cuarto contiguo.

Se ha hablado mucho del doctor de La piel que habito en relación al doctor Frankenstein, y a todo tipo de doctores “diabólicos”, pero no hay que descuidar la proximidad de esta historia a “La obra de arte desconocida” de Balzac, o “El retrato oval” de Edgar Allan Poe, donde el triángulo entre el artista, la obra de arte y su modelo genera una tensión fundamental. El doctor que interpreta Antonio Banderas se aproxima a los doctores malditos de aquella mitología moderna, pero también se confunde con el artista maldito que lidia entre su propia “obra de arte” y la mujer a la que quiere y que es su modelo.
Subyace además todo un problema sobre la identidad y la representación del cuerpo femenino, que queda de manifiesto en el contraste entre aquellas Venus bellísimas del Renacimiento, que son lo que el doctor encuentra en Vera; frente a una representación hecha a base de retales, desfigurada y sufriente, realizada en el interior de una habitación por la propia Vera, inspirada en Louise Bourgeois. La puerta de su habitación separa dos mundos: Almodóvar nos la presenta desde fuera, como a una Venus, pero nos mete después en su cuarto, nos cuenta su historia y nos la descubre desde dentro, completamente desfigurada.

Vera nos recuerda además a otro importante referente artístico de las vanguardias: con su mono de color carne se aproxima a un maniquí, a una muñeca como aquellas muñecas fotografiadas por Hans Bellmer. Objeto de fetichismo, maniquí, muñeca, Venus, modelo, experimento científico y obra de arte. Todos estos referentes están contenidos en la protagonista de esta historia.
Más personal todavía es el uso que hace Lars Von Trier de las obras de arte. Digo esto porque las connotaciones que se utilizan en “La piel que habito” sobre arte han sido ya bastante discutidas desde estudios de género, desde la psicología, la estética o la historia del arte.
Sin embargo, Lars Von Trier elige las obras desde un presentimiento más personal.
Me parece maravillosa la forma en que la protagonista de Melancholia, Justine, cambia las imágenes de los libros en la biblioteca. Quita a Malevich por otras imágenes de la Historia del Arte:



El rechazo de Justine es ambiguo y sugiere múltiples y confusas ideas. Las coloridas abstracciones son sustituidas por escenas sombrías de los hombres, la vida (y la muerte) en la tierra.
Si en “La piel que habito” la puerta del cuarto de Vera delimita dos formas de mirar a una misma mujer, en Melancholia, el momento en que Justine cambia los libros de la biblioteca marca un giro fundamental en el curso de la narración. Las obras que ella elige no contienen tanto una teoría de las artes (la cual si está latente en la película de Almodóvar), sino un impulso vital y personal. Ella selecciona las imágenes por su estado de ánimo, y creo que sin otras pretensiones ni artificios demasiado intelectuales.
A pesar de esta selección más intuitiva y personal que intelectual existen otras referencias. Por ejemplo he encontrado comentarios que explican su uso de “Los cazadores en la nieve” relacionándolo con la película “Solaris”, y está claro que es una referencia directa:




Imagen de la película Melancholia

Imagen de la película Solaris
Igualmente la pintura "el País de Jauja" puede ser el modo en que Justine ve a su jefe, a su cuñado y al resto de invitados de la boda.
Pero referencias aparte, la selección de Justine es comprensible en el nivel más elemental: escenas tristes.
Los libros de pinturas abstractas son tirados al suelo sin más palabras, sin razonamientos, simplemente por un impulso, por un sentimiento. El intelectualismo del arte no sirve demasiado en la situación desesperada que vive Justine. El arte de Malevich, que solo puede ser entendido en el devenir de nuestra historia del arte, en las pujas y la dialéctica entre los personajes de aquella época, es tirado al suelo, entre otras cosas porque ante el miedo y ante la muerte no importan nada esos logros de los hombres.
Sólo añadiré un nivel de lectura más de esta escena en la biblioteca. Esta idea es algo más “plástica”, en el sentido de que las imágenes geométricas resultan tan abstractas como el universo, creándose un paralelismo entre las imágenes del universo y los dibujos abstractos.



Las figuras geométricas que colisionan entre sí son tiradas al suelo, porque la protagonista prefiere mostrarnos la nieve, a una Ofelia muerta, la necedad de los hombres, y el triunfo de la muerte. Este gesto de Justine reproduce la dualidad que se da al principio de la película: dualidad entre las imágenes desde el exterior de dos planetas que chocan, frente a las imágenes fuertemente simbólicas de las personas en esos últimos minutos. Un telescopio que no apunta hacia el cielo y sus estrellas, sino hacia la Tierra y las personas que lo habitan.
En contraposición a Justine (que presiente el desastre casi sin mirar al cielo), se encuentra su cuñado, que por más que mira el cielo con su telescopio no se da cuenta de lo que va a pasar hasta el final. Es precisamente este cuñado que mira al abstracto cielo constantemente quien tiene la biblioteca llena de los dibujos de Malevich. Se contraponen también en estos dos personajes dos modos de acceder a la verdad: la ciencia y la intuición, o la manera racional de proceder del cuñado frente a la simpleza de los presentimientos de Justine, mucho más eficaces.
Y una última referencia visual (aunque no creo que el director pensara en ello), para quien conozca las huellas de Laetoli de la foto derecha:

Walter Benjamin

En relación al interés de este blog por la naturaleza de las imágenes, sólo voy a rescatar dos frases de Walter Benjamin:
La imagen es aquello en la cual lo sido se une como un relámpago al ahora para formar una constelación. Dicho en otras palabras: imagen es la dialéctica en suspenso.(Obra de los pasajes, N 2 a, 3)
En los terrenos de que nos ocupamos, conocemos sólo al modo del relámpago. El texto es ese trueno que después retumba largamente. (Obra de los pasajes, N 1, 1)

Pero lo que quiero presentar en esta entrada es un congreso sobre Walter Benjamin que el Círculo de Bellas Artes de Madrid realizó en el año 2010: "Pasajes y constelaciones. En torno a Walter Benjamin".
Para dicho congreso se creó el siguiente video, donde se mezclan imágenes y textos de y sobre Walter Benjamin:



Además se realizó un Atlas de los conceptos trabajados por el filósofo alemán, por el cual merece la pena navegar:


Finalmente una serie de conferencias expusieron diferentes aspectos de la obra de este pensador. Sólo dejaré aquí una de estas conferencias, donde se plantean cuestiones importantes sobre el aura de la destrucción y el papel que la destrucción ha jugado en el arte moderno, la ruina, la fragmentación, lo inexpresivo, el torso...

Y para terminar esta recogida de material sobre Benjamin, dejo un enlace a la introducción de Hanna Arendt para el libro Iluminaciones:

Arquitecturas pintadas

Antes de ir a la exposición del Thyssen está bien ver este video:


Y otro video, más corto, que presenta la exposición:

Arquitecturas Pintadas. Del Renacimiento al siglo XVIII from museothyssen on Vimeo.

Locus Solus. Impresiones de Raymond Roussel

Muy interesante la explicación de esta exposición (que estará en el Museo Reina Sofía hasta el 27 de febrero):

João Fernandes y François Piron sobre la exposición "Locus Solus. Impresiones de Raymond Roussel" from Museo Reina Sofía on Vimeo.

También podéis escuchar esto:

Eliana Perinat

Eliana Perinat (Paris, 1964) explica en su web que el título de la serie "ante el dolor de los demás" se inspira en el ensayo de Susan Sontag.
La serie trata temas actuales, probablemente sacados de imagenes de las noticias. Las localizaciones son globales y a veces recónditas: Berlín, Etiopía, Guantánamo, Herar en Afganistán...

Linfen, China. 2007
El esfuerzo de Eliana Perinat por "rehacer" estas imágenes puede obligarnos a parar y a mirar de nuevo.  
Una exposición individual mostrará este proyecto hasta finales de julio en la Galería Alejandro Sales de Barcelona, y el 7 de julio habrá un encuentro con la artista.
Su web personal:
http://www.elianaperinat.com/v2/index.php?content%2F01%2F01%2F  
y el catalogo de la exposición.

Antropología Visual: No sólo documentales

Predomina un enfoque de la Antropología Visual como disciplina para producir documentales etnográficos. Sin embargo, las capacidades del discurso contenido en las imágenes y de las relaciones evidentes y secretas que establecen entre ellas sugieren un campo de acción más profundo.
Aby Warburg parece invitarnos a reelaborar la Historia del Arte a través de una búsqueda visual.
La Antropología Visual no puede pasar por alto el legado de teóricos del Arte como Aby Warburg.
Aquí dejo el video de una exposición que hubo en el Museo Reina Sofía en relación a este historiador.

ATLAS. Entrevista a Georges Didi-Huberman from Museo Reina Sofía on Vimeo.

Chardin en el Museo del Prado

Hasta el día 29 de mayo vamos a poder visitar en Madrid las pinturas de Chardin en el Museo del Prado, y es una ocasión excepcional desde que hay muy pocas pinturas suyas en museos españoles.
Por mi parte, conocía muy poco la obra de este pintor, y he descubierto en él un trabajo maravilloso.
Por extraño que parezca, el descubrimiento no se limita al hecho de "conocer a Chardin", sino sobre todo al sentido y profundidad que este "eslabón" le da al arte moderno.
En la exposición explican la admiración que artistas como Matisse, Picasso o Cézanne sintieron hacia él. Pero el comisario de la muestra, Pierre Rosenberg, advierte que:
"Chardin en cierta forma es lo opuesto a lo que el arte contemporáneo trata de ser. Quiero decir que el arte contemporáneo es muy expresionista, es muy violento, incluso muy agresivo, comprometido políticamente. Todo esto no pertenece al mundo de Chardin"
Si bien basta un vistazo general para percibir esa "dulzura?" del pintor, contraria a un gesto agresivo y rompedor, esta oposición sólo se mantiene en la superficie y en una identificación casi automática del arte moderno con una apariencia agresiva.
Dicen de Chardin que es un pintor de pintores por la admiración que despierta entre ellos. Efectivamente, según visitamos la exposición las asociaciones con varios artistas posteriores vendrán a nuestra mente.






Chardin, El melón empezado, 1760 ; Cezanne, Compotera, jarro y frutas, 1872


Chardin, La Tabaquera, 1737                   Morandi, Bodegón, 1926

Pero esta contradicción entre una apariencia enfrentada al arte actual, y su papel profundo en el nacimiento del arte moderno es uno de los puntos más interesantes en su trabajo. Justamente, las asociaciones que establecemos entre la modernidad y una estética radical y agresiva, se desmoronan. Sus pinturas rompen algunos de nuestros prejuicios sobre la historia del arte, y me hace suponer (o así quiero pensarlo), que cuando el comisario expresa esta oposición entre Chardin y el arte contemporáneo, lo hace para romper precisamente esta situación paradójica que resulta de una mirada superficial.

   
De Izq. a Dcha.: Chardin, Ramo de claveles, tumerosas y guisantes en jarrón de porcelana blanca con motivos azules, 1755 ; Cezanne, El jarrón azul, 1889; Matisse, Las margaritas, 1919.

El hecho de que se dedicara principalmente a la pintura de bodegones, o que realizara la misma escena de género varias veces, explica parte de la importancia que concede a la materia pictórica. Cuando vi sus cuadros en el museo, no sentí tanto lo que exclamaba Diderot - “lo que mezclas en tu paleta no es el blanco, el rojo, el negro, sino la sustancia misma de los objetos. Es el aire y la luz lo que coges en la punta de tu pincel”-.
 
     Izq. y Dcha.: Detalles de Chardin, Ramos de claveles..., 1755.

Al contrario, yo recorría las salas encontrando el color - el blanco, el rojo, el negro-; la pintura trabajada con un sentido de abstracción que suelo asociar a un arte posterior, y esto a pesar de que el mismo Chardin diga que no pinta con los colores, sino que se sirve de ellos.
Además de esta materialidad, me fascinaron aspectos como su forma de retratar al joven artista: inclinado y absorto en su obra, con una dedicación casi ingenua. Esta imagen contrasta con el prototipo de retrato de pintores que conocemos: casi siempre desafiantes, mirando al espectador o concentrados en su trabajo pero “sacando pecho”,  con un aire de “genialidad” contrario a este muchacho curvado (casi humillado) en su labor. Es un aprendiz, situado en ese momento donde se da todo sin la certeza de sacar algo de provecho a cambio. Este aprendiz de dibujante es también muy diferente a los autorretratos de 1771 y 1775.

Según el comisario, a Chardin le costaba trabajo pintar. A pesar del reconocimiento que gozó en vida, un propósito honesto impregna su obra. Guarda una concepción del arte muy interesante, quizás solo posible en alguien que se dedicaba a géneros “menores”.
A este respecto, será paradigmático su modo de enfrentar la pintura de una liebre muerta, objeto que en sus variantes (conejos y otras naturalezas muertas), le persigue desde el inicio de su carrera hasta el fin. Intencionadamente complicará su forma de pintar el modelo:
Es necesario que me olvide de todo lo que he visto, incluso de la forma en que otros han tratado estos motivos

Las liebres que vemos en la exposición son el resultado de una lucha consciente entre el artista y la representación. Muy lejos de perderse en las ilusiones de la anécdota, trabaja de un modo crítico sobre el medio artístico. La pintura abandona tímidamente su servidumbre al modelo, a la realidad, y va cobrando una relevancia autónoma.

Chardin, Liebre muerta con zurrón y petaca de pólvora, 1728; Chardin, Conejo muerto y utensilios de caza, 1727

A la luz de estos cuadros, me gusta pensar en la performance de Joseph Beuys “como explicar los cuadros a una liebre muerta”. De nuevo la pobre liebre es utilizada por el artista como símbolo para explicar y cuestionar el arte, la relación entre la obra, el artista y el modelo, y quizás un nudo de otros significados como la vida y la muerte o la naturaleza y la representación.

Beuys, Como explicar los cuadros a una liebre muerta, 1965.