El año pasado destacaron dos películas que utilizaron en su argumento obras de arte.
Estas películas de las que hablo son “La piel que habito”, de Almodóvar, y “Melancholia” de Lars Von Trier.
En la primera, existe un juego muy evidente de Venus que decoran la casa del doctor. La propia Vera (la mujer recluida en su cuarto), es una Venus que se reclina para leer sobre una cama o diván, mientras el doctor la observa en una gran pantalla del cuarto contiguo.
Se ha hablado mucho del doctor de La piel que habito en relación al doctor Frankenstein, y a todo tipo de doctores “diabólicos”, pero no hay que descuidar la proximidad de esta historia a “La obra de arte desconocida” de Balzac, o “El retrato oval” de Edgar Allan Poe, donde el triángulo entre el artista, la obra de arte y su modelo genera una tensión fundamental. El doctor que interpreta Antonio Banderas se aproxima a los doctores malditos de aquella mitología moderna, pero también se confunde con el artista maldito que lidia entre su propia “obra de arte” y la mujer a la que quiere y que es su modelo.
Vera nos recuerda además a otro importante referente artístico de las vanguardias: con su mono de color carne se aproxima a un maniquí, a una muñeca como aquellas muñecas fotografiadas por Hans Bellmer. Objeto de fetichismo, maniquí, muñeca, Venus, modelo, experimento científico y obra de arte. Todos estos referentes están contenidos en la protagonista de esta historia.

Me parece maravillosa la forma en que la protagonista de Melancholia, Justine, cambia las imágenes de los libros en la biblioteca. Quita a Malevich por otras imágenes de la Historia del Arte:
Subyace además todo un problema sobre la identidad y la representación del cuerpo femenino, que queda de manifiesto en el contraste entre aquellas Venus bellísimas del Renacimiento, que son lo que el doctor encuentra en Vera; frente a una representación hecha a base de retales, desfigurada y sufriente, realizada en el interior de una habitación por la propia Vera, inspirada en Louise Bourgeois. La puerta de su habitación separa dos mundos: Almodóvar nos la presenta desde fuera, como a una Venus, pero nos mete después en su cuarto, nos cuenta su historia y nos la descubre desde dentro, completamente desfigurada.
Vera nos recuerda además a otro importante referente artístico de las vanguardias: con su mono de color carne se aproxima a un maniquí, a una muñeca como aquellas muñecas fotografiadas por Hans Bellmer. Objeto de fetichismo, maniquí, muñeca, Venus, modelo, experimento científico y obra de arte. Todos estos referentes están contenidos en la protagonista de esta historia.


Más personal todavía es el uso que hace Lars Von Trier de las obras de arte. Digo esto porque las connotaciones que se utilizan en “La piel que habito” sobre arte han sido ya bastante discutidas desde estudios de género, desde la psicología, la estética o la historia del arte.
Sin embargo, Lars Von Trier elige las obras desde un presentimiento más personal. Me parece maravillosa la forma en que la protagonista de Melancholia, Justine, cambia las imágenes de los libros en la biblioteca. Quita a Malevich por otras imágenes de la Historia del Arte:
El rechazo de Justine es ambiguo y sugiere múltiples y confusas ideas. Las coloridas abstracciones son sustituidas por escenas sombrías de los hombres, la vida (y la muerte) en la tierra.
Si en “La piel que habito” la puerta del cuarto de Vera delimita dos formas de mirar a una misma mujer, en Melancholia, el momento en que Justine cambia los libros de la biblioteca marca un giro fundamental en el curso de la narración. Las obras que ella elige no contienen tanto una teoría de las artes (la cual si está latente en la película de Almodóvar), sino un impulso vital y personal. Ella selecciona las imágenes por su estado de ánimo, y creo que sin otras pretensiones ni artificios demasiado intelectuales.
A pesar de esta selección más intuitiva y personal que intelectual existen otras referencias. Por ejemplo he encontrado comentarios que explican su uso de “Los cazadores en la nieve” relacionándolo con la película “Solaris”, y está claro que es una referencia directa:
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| Imagen de la película Melancholia |
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| Imagen de la película Solaris |
Pero referencias aparte, la selección de Justine es comprensible en el nivel más elemental: escenas tristes.
Los libros de pinturas abstractas son tirados al suelo sin más palabras, sin razonamientos, simplemente por un impulso, por un sentimiento. El intelectualismo del arte no sirve demasiado en la situación desesperada que vive Justine. El arte de Malevich, que solo puede ser entendido en el devenir de nuestra historia del arte, en las pujas y la dialéctica entre los personajes de aquella época, es tirado al suelo, entre otras cosas porque ante el miedo y ante la muerte no importan nada esos logros de los hombres.
Sólo añadiré un nivel de lectura más de esta escena en la biblioteca. Esta idea es algo más “plástica”, en el sentido de que las imágenes geométricas resultan tan abstractas como el universo, creándose un paralelismo entre las imágenes del universo y los dibujos abstractos.
Las figuras geométricas que colisionan entre sí son tiradas al suelo, porque la protagonista prefiere mostrarnos la nieve, a una Ofelia muerta, la necedad de los hombres, y el triunfo de la muerte. Este gesto de Justine reproduce la dualidad que se da al principio de la película: dualidad entre las imágenes desde el exterior de dos planetas que chocan, frente a las imágenes fuertemente simbólicas de las personas en esos últimos minutos. Un telescopio que no apunta hacia el cielo y sus estrellas, sino hacia la Tierra y las personas que lo habitan.
En contraposición a Justine (que presiente el desastre casi sin mirar al cielo), se encuentra su cuñado, que por más que mira el cielo con su telescopio no se da cuenta de lo que va a pasar hasta el final. Es precisamente este cuñado que mira al abstracto cielo constantemente quien tiene la biblioteca llena de los dibujos de Malevich. Se contraponen también en estos dos personajes dos modos de acceder a la verdad: la ciencia y la intuición, o la manera racional de proceder del cuñado frente a la simpleza de los presentimientos de Justine, mucho más eficaces.
Y una última referencia visual (aunque no creo que el director pensara en ello), para quien conozca las huellas de Laetoli de la foto derecha:



















